Por: Ollin Armenta López
Hace unos días fue sobreexpuesta la fotografía de un niño sirio muerto a la orilla del mar huyendo de la guerra. La fotografía fue portada de periódicos a nivel mundial, miles de indignados compartían la foto en Facebook, Twitter y otras redes sociales. Cientos de artistas rindieron -¿homenaje?- a la muerte del pequeño, pinturas, fotografías y mucha mediatización alrededor del infante. Desde aquel hecho, el mundo volteó a mirar uno del suceso más lamentables en el mundo, y comenzó el trending topic de dar asilo a 10,000 sirios en México, bajo el argumento de que otros países europeos no pueden tratar así a los migrantes.
También apenas unos días, una reportera de origen húngaro fue captada pateando a un refugiado que intentaba correr de la policía, fue criticada fuertemente por su acto: “La cámara estaba rodando, cientos de inmigrantes rompieron el cordón policial, uno de ellos corrió hacia mí y me asusté” apuntó la periodista Petra Laszlo. La pregunta es ¿A qué puedes temerle como para reaccionar con una agresión física?, no se me ocurre otra cosa más que el temor al otro.
El señor Donald Trump cada que tiene un micrófono enfrente, canjea la oportunidad de arremeter contra los mexicanos y latinos, y la comunidad latina y mexicana, se indigna, se molesta, se enfurece en cada rincón del mundo.
Una mujer en un restaurante norteamericano reclama a una mesera (al parecer latina) por no hablar inglés, ¿y qué pasa? Nos volvemos a indignar, y se cierran puños y dientes por los malos tratos recibidos, y que por necesidad se tienen que soportar.
Vuelvo a lo fácil de propagar la idea de la igualdad, equidad, y respeto con los migrantes europeos en Europa y/o latinos en Estados Unidos, es fácil reflexionar cuando vemos a un niño bocabajo muerto por las consecuencia de la violencia a la orilla del mar, claro, siempre y cuando no sea mexicano, pues basta revisar las cifras de niños en nuestro país para saber que aquí también mueren, que aquí tampoco tienen casa, ni de comer ni educación, y que muchos de ellos trabajan, sin embargo, se han hecho invisibles a la sensibilidad que se pregona en Facebook y otros aparadores. Es fácil molestarnos y salir a defender a las comunidades latinas frente a los abusos de cualquier gringo desubicado, sin embargo en México, nos encanta señalar al otro (dentro de nuestro país) para juzgarlo, sobajarlo y excluirlo, o bien, para crear una conciencia (cuando es extranjero), si bien, hay que echar un vistazo a los comentarios vertidos en redes sociales cuando un la selección mexicana juega contra su similar de Honduras, Guatemala o el Salvador, haciendo referencia peyorativa a los migrantes centroamericanos que suben a la bestia con el afán de salir de su país, o burlarlos de aquellas personas que llegan a la ciudad hablando otra lengua diferente a la nuestra, o claro, a los que nos dicen vistes.
Si fuese poco, señalar a los acarreados, «manipulados, borregos y nacos» que se darán cita el próximo 15 de septiembre en la plaza de la constitución para festejar un año más de nuestra independencia, y de paso, ver y escuchar a La Arrolladora Banda el Limón, que si bien, la fecha resignifica la situación, el lugar no, pues hace unas semanas en la misma explanada del zócalo se celebró la llamada “Semana de las juventudes” donde se nutrió un cartel con artistas mexicanos y sudamericanos, llenando el zócalo 4 días seguidos de jóvenes. Me preguntó ¿Cuántos de los disidentes del gobierno, de Peña Nieto y de Mancera, así como de los “borregos” que acudirán al zócalo el 15 de septiembre, cantaron, bailaron y se organizaron para ir en grupo o en pareja a la semana de las juventudes? Entonces parece que mi “rebeldía” y “disidencia” en contra del gobierno, es sólo una cuestión de gusto musical, porque si puedo llamar “borrego” y “manipulado” al que escucha a La Arrolladora, pero no si escucho a Los Amigos Invisibles.
Si es verdad que de algún modo darse cita en el zócalo para dar el grito, es validar el gobierno del presidente, ir a un concierto organizado por el mismo gobierno, también lo es, o como diría el @elsantodelrock: “Y, no sé, pero ¿El gobierno del que se quejan por poner a la Arrolladora no es el mismo de la semana de las juventudes?, ¿O es otro?”, pues sí, es el mismo, ese sistema represor y totalitario, también tiende trampas seductoras, diría Byung-Chun Han.

Defender, dar asilo, o enojarnos por los tratos a los migrantes me parece un acto de humanidad y desarrollo, sin embargo. Hay que trascender en esos actos a los migrantes, a los indígenas o a las comunidades que simplemente tiene otro gusto musical y cultural al nuestro, o estaremos condenados a ser disidentes, críticos y rebeldes detrás del gusto.
